La siguiente entrada la considero como una extensión a la crítica que realicé con anterioridad sobre el caos. No quería hacerlo por el coraje que me da pensar en eso pero también sé que no negaré la realidad que vivimos, además que me empiezo a cansar de la situación que se vive al respecto. Ésta se avoca al problema del transporte público y su organización.
La situación del transporte público y su organización es caótica. En algunos lugares como la ciudad de México abundan los microbuses, los cuales debieron dejar de haber circulado hace 30 años de acuerdo con reportes de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) ya que emiten cantidades muy importantes de contaminantes a la atmósfera. Sin embargo esta crítica no se fijará sobre los problemas ecológicos que éstos propician sino sobre la pésima organización al momento de repartir rutas, recorrerlas o la selección de unidades para brindar el servicio.Así, seguramente todos hemos sufrido las excesivas tardanzas para
que el transporte arribe a la parada y nos lleve a nuestro destino. De alguna inexplicable manera es imposible para los transportitas fijar horarios y tiempos para el arribo de las unidades a las diversas paradas. Imposible, no lo es. A pesar de los pretextos que se puedan poner en países como Estados Unidos o Inglaterra el sistema de transporte así funciona. Y de verdad sirve. Ésto podría evitar que el usuario permanezca idiotizado por 20 minutos o más en los que llega su transporte.Sumado a ésto a veces el usuario tiene "mala suerte" y después de esperar tanto el transporte pasa... atascado. Y la espera se repite. O llegan más unidades igual de llenas. Debería haber una reflexión de sentido común acerca de las horas en las que más se satura el problema.
Tan sólo con el establecimiento de horarios el transporte estará más equilibrado en cuanto al número de pasajeros -que muchas veces van colgados o como pueden- y evitará prácticas como "las carreritas", la competencia con otros choferes por el pasaje, manejando a grandes velocidades y con la ingenua idea de un ganador. Pensándolo bien, no hay ningún ganador pero sí muchos perdedores, incluyendo a los mismos transportistas. ¿Quiénes son? Los usuarios por una parte ya que al recorrer la ruta más rápido de lo normal, pueden ubicarse en una zona descuidada por los choferes, lo cual lo obliga a una tremenda espera. Los choferes por ir peleando un pasaje que será en cantidades bajas ya que el ir compitiendo con otro evita que se recojan grandes cantidades de personas o detenerse y ser rebasado por el otro, creando un juego vicioso. Además de peligros ya que muchas veces violan normas tan básicas como el pasar por la calle aún con semáforos en rojo y el consecuente caos vehícular que ocasionan.Aunque también es importante considerar la actitud de los
conductores. El hecho de haber una competencia significa desunión, actitudes irrespetuosas en muchos casos, en los que ir más adelante significa brincarse todas las normas o malhumorarle el día a alguien más al pararse donde no se debe, ir demasiado rápido y todo lo que esto implica. Una de las actitudes más cínicas e irresponsables es que se llegan a detener en algunas calles y se quedan ahí, platicando con otros choferes o con otras personas. Esto de verdad es reprobable y odioso.Otra situación que se ve es la ausencia de paradas fijas. El detener el camión en cualquier sitio ocasiona la detención del tráfico de maner repentina y frecuente, generando un mayor bloque se vehículos detenidos y el consecuente embotellamiento. Muchas veces la flojera nos impide detenernos en un punto establecido y caminar; a fuerza queremos que nos deje delante de nuestra casa. Al menos es una crítica al sistema Metrobús pero no se pueden negar sus resultados gracias a su organización.
Es un problema que nos afecta a todos. De verdad es momento de reflexionar. Ver que también la población somos parte del problema pero aseguro que somos parte de la solución. Enójense si quieren pero véanlo, una situación cotidiana y cómo es que un cambio se puede iniciar a partir de problemas como éstos. No necesitamos a ningún político o autoridad para inciar el cambio; éste vendrá de nuestros pensamientos, ideas y acciones.

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